“Okiku, la muñeca encantada”
“Kikuko” era una pequeña niña japonesa de
aproximadamente 4 años de edad, era tierna y cariñosa con sus padres, era una
niña normal……. Sin preocupaciones, sin deberes, con la única meta de seguir
viviendo sana y fuerte como es el mandato de la naturaleza, disfrutando de las
delicias de la infancia.
En vísperas del cumpleaños de la niña, el joven
hermano mayor de kikuko quiso obsequiar algo a su hermanita y que mejor regalo que una linda muñeca de
porcelana muy en boga en aquellos años,el hermano compró una muñeca en una
tienda en su ciudad natal HokKaido –Sapporo en Japón.
La pequeña kikuko quedó prendada de ella, era
su más valiosa posesión, su compañera con quien pasaba las frías noches
japonesas y con quien compartía su tiempo en todo momento. kikuko amaba mucho a su muñeca la vestía, la
peinaba, jugaba mucho con ella, era….. como una hermanita menor y la llamo como okiku.
Pero lastimosamente en agosto del año 1918
kikuko enfermó gravemente víctima mortal de epidemia gripe que asoló el Japón contra
la cual el pequeño cuerpo de la infante
no pudo batallar y consumió su salud
poco a poco, obligándola a mantenerse en cama en un estado de gravedad penoso y casi
medio año. A pesar de estar enferma y aun cuando no podía, kikuko
cuidaba de su muñeca con el mayor amor posible, ¡hasta que un desgraciado día…..kikuko
murió!
La familia, siguiendo con la tradición cremó el
cuerpo de kikuko y mantuvieron sus cenizas en una urna junto a su muñeca.
Luego de la fatal pérdida, la madre de kikuko,
pudo observar que algo ocurría. ¡algo que la llenaba de extrañeza! A okiku, la
fiel compañera de su hija, aquella inerte muñeca “le comenzó a crecer cabello.
La familia de la niña horrorizada por el
paranormal evento, decide hablar con los monjes de un templo en la ciudad de
HokKaido. Al contarle la madre de lo que ocurría con la muñeca los monjes
reprendieron a la madre por no haber quemado la muñeca al fallecer su hija pues,
la tradición manda que cuando el cuerpo del difunto es cremado los objetos más
cercanos a él deben ser consumidos junto a su dueño. El monje explicó que de alguna manera en espíritu de la niña se
había fijado en la muñeca y provocado ese fenómeno.
En el
año de 1938 la familia de la infante, decidió encargar a los monjes el cuidado de
las cenizas de kikuko así como su amada
muñeca okiku.
Desde aquel día hasta hoy, la muñeca se
mantiene en el templo de Mannenji. Cuando los turistas visitan el templo los
monjes cuentan de la historia de la muñeca y aseguran que hasta el día de hoy
que a la muñeca le sigue creciendo el
pelo el cual es cortado cuidadosamente cada cierto tiempo por los custodios del
templo. Se ha dicho incluso que parte de esos cabellos han sido estudiados y
para desconcertar más al mundo, los resultados dijeron que aquel cabello es
humano.
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